Dulce tormento

En la penumbra de mi corazón guardado,
hay un rincón secreto donde vive un amor callado.
Tus ojos, faros en la noche oscura,
iluminan mi alma con su ternura.

No me importan los años que han pasado,
ni el destino que cruel nos ha separado.
En cada suspiro, en cada pensamiento,
estás tú, mi eterno y dulce tormento.

Eres el sol que alumbra mi mañana,
la brisa suave que mi ser engalana.
En el silencio de la noche estrellada,
mi corazón pronuncia tu nombre en cada alborada.

He aprendido que en la brevedad de un minuto,
se encierra el universo en un abrazo diminuto.
Tu presencia, aunque efímera, es mi mayor tesoro,
mi razón, mi esperanza, mi consuelo y mi decoro.

Estar junto a ti y sentir la distancia del corazón,
sabiendo que nunca serás mía, es la más dolorosa de las nostalgias.
Un amor tan cercano, pero a la vez tan lejano,
una herida que no sana, un sueño que no es vano.

Sé que tu camino no es el mío,
que otro amor has elegido para tu destino.
Pero no puedo evitar esta llama ardiente,
que consume mi ser, constante y ferviente.

Cada día, con el alma en los labios,
te confieso, sin temor ni resabios,
que mi amor por ti es un sueño eterno,
un anhelo profundo, un deseo interno.

Así, en el silencio de esta confesión,
te entrego mi amor, mi devoción.
Porque aunque nunca pueda ser tu dueño,
en mis sueños eres mi más bello empeño.

Viviré con este amor que nunca muere,
en el rincón de mi alma donde nada perece.
Y cada día, en secreto, en mi mente,
te amaré, mi dulce, mi amor paciente.

 

 

Anónimo

Autor: Dialoguistas México

junio 1, 2024

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Categorías Amor | Vida
Etiquetas amor