Confesión de una mujer insegura – Anónimo

Estaba en mi segundo año de universidad cuando me di cuenta de que el estrés, la mala alimentación y la falta de ejercicio estaban pasando factura a mi salud. Veía cómo ganaba peso rápidamente y las estrías se marcaban en todo mi cuerpo: en mis brazos, piernas, estómago e incluso en mis rodillas. El insomnio se volvió mi compañero constante, mi humor se tornaba sombrío y me sentía incómoda con mi propio cuerpo, me sentía fea.

No sabía cómo frenar mis hábitos sin tener que sacrificar mis estudios y proyectos. Me sentía atrapada en un ciclo de autodestrucción. Siempre había luchado contra los estereotipos de belleza, sintiéndome mal y poco atractiva. La idea de ir de compras me aterraba, no dejaba de pensar que no encontraría ropa que me quedara bien.

El momento decisivo llegó cuando finalmente reuní el valor para buscar ayuda médica. Entrar en la clínica fue aterrador, rodeada de pacientes de todas las edades luchando sus propias batallas. Sin embargo, ver cómo salían con una renovada mirada me inspiró a seguir adelante.

El tratamiento fue difícil y prolongado, pero perseveré. Fueron varios meses. A través de altibajos, descubrí una fuerza interior que desconocía tener. Aprendí a valorar mi salud mental y a aceptar los cambios necesarios para recuperar mi fuerza.

El proceso no solo transformó mi cuerpo, sino también mi mente. Aprendí a amar y aceptar todas las partes de mí misma, sin importar los estándares de belleza impuestos por la sociedad. Descubrí la importancia de elegir lo que comemos, el ejercicio que realizamos, los pensamientos que tenemos y con quien nos relacionamos.

Con el tiempo, comencé a sentirme plena y orgullosa de quién era. Me liberé de los grilletes de los estereotipos de belleza, abrazando mi propia singularidad y encontrando belleza en mi fortaleza, salud y bienestar interior.

Recientemente recibí una invitación para compartir mi experiencia con los estereotipos de belleza en una dinámica con otras mujeres jóvenes. Aunque dudaba en compartir mi historia, sentí un impulso de abrirme y ser honesta conmigo misma. Así es como comencé a escribir esta confesión, un testimonio de mi viaje.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de lo lejos que he llegado. A través del dolor y el sacrificio, he encontrado una nueva apreciación por mi propio ser, reconociendo mi valor, mi fuerza y mi imperfecta belleza.

– Anónimo 

Autor: Dialoguistas México

Contenido relacionado 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías Amor | Genero | Vida